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Actualidad · Artículo · Enfermedad Renal Crónica
AstraZeneca ·
4 min
La enfermedad renal crónica (ERC) constituye una de las principales amenazas para la salud pública global. Se estima que afecta aproximadamente a 850 millones de personas en todo el mundo, lo que la sitúa entre las enfermedades crónicas más prevalentes. Además, alrededor de 4 millones de individuos requieren terapia de reemplazo renal debido a insuficiencia renal avanzada.
La diabetes y la hipertensión representan las principales causas de la ERC, y se prevé que para 2050 la ERC se convierta en la quinta causa principal de muerte a nivel mundial, reflejando tanto su creciente incidencia como su impacto en la mortalidad.
La ERC se caracteriza por una evolución progresiva y frecuentemente silenciosa en sus etapas iniciales. A pesar de ello, puede identificarse mediante pruebas de laboratorio simples, lo que permite su detección precoz en contextos clínicos habituales. Esta accesibilidad diagnóstica contrasta con la elevada proporción de pacientes no diagnosticados en fases tempranas, lo que contribuye a la progresión de la enfermedad y al desarrollo de complicaciones.
Más allá del deterioro de la función renal, la enfermedad renal crónica se asocia a una elevada carga de enfermedad sistémica, donde destaca particularmente el riesgo cardiovascular (CV). De hecho, la mayoría de los pacientes con ERC no llegan a requerir diálisis o trasplante, ya que fallecen o desarrollan discapacidad a causa de eventos CV antes de alcanzar insuficiencia renal terminal.
En los últimos años se han producido avances relevantes en el tratamiento de la ERC y se han identificado múltiples terapias farmacológicas eficaces capaces de ralentizar el deterioro progresivo de la función renal y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de eventos cardiovasculares.
El manejo actual ha evolucionado desde un enfoque predominantemente conservador hacia una estrategia activa de modificación de la enfermedad. Las terapias farmacológicas desempeñan un papel central en este cambio, al actuar sobre mecanismos clave implicados en la progresión del daño renal y en la aparición de complicaciones cardiovasculares.
Figura 1. Evaluación y manejo de la enfermedad renal crónica
La implementación temprana de terapias basadas en la evidencia recomendadas por las directrices entre las que se incluyen iSGLT2, iSRAA, estatinas y el control de la PA, la carga mundial de las complicaciones de la ERC podría aliviarse considerablemente.
Dado que existen herramientas eficaces tanto para el diagnóstico como para el tratamiento, la identificación precoz de la ERC y el inicio oportuno de intervenciones coste-efectivas representan estrategias fundamentales. La implicación activa de todos los profesionales sanitarios en la detección y manejo de la enfermedad es crucial para reducir su impacto.
ERC: enfermedad renal crónica; IC: insuficiencia cardíaca; iSRAA: inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona; iSGLT2: inhibidores del cotransportador de sodio y glucosa tipo 2; CV: cardiovascular; PA: presión arterial
Herrington WG, et al. Lancet. 2026;407(10523):90-104
ES-42152 Abril 2026
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