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Patología · Contenido · Enfermedad Renal Crónica
Las consecuencias clínicas de la obesidad sobre los riñones, con o sin anomalías metabólicas, afectan tanto a la función como a las estructuras renales. Los mecanismos que relacionan la obesidad y el daño renal son bien conocidos, e incluyen varios mecanismos con vías interconectadas. 1
Más allá del impacto de la DM2 y la HTA en el riesgo de ERC en pacientes obesos, se ha demostrado un rol directo de la obesidad en el daño renal en modelos preclínicos y estudios epidemiológicos en humanos. El IMC es uno de los marcadores más relevantes asociados a la presencia de ERC, y el segundo más importante en el desarrollo de la ERT después de la proteinuria. 1
De hecho, un reciente metaanálisis de estudios en la población general con una función renal basal normal informó que la obesidad aumentaba el riesgo relativo de desarrollar una TFGe baja en un 1,28 y el de albuminuria en un 1,51. 1
Un reciente informe de KDIGO señala que el exceso de adiposidad favorece alteraciones hemodinámicas, metabólicas e inflamatorias que pueden inducir hiperfiltración glomerular, aumentar la presión intraglomerular y promover daño estructural renal. Además, destaca que el tejido adiposo actúa como un órgano endocrino capaz de producir adipocinas y mediadores proinflamatorios que favorecen la inflamación crónica, el estrés oxidativo y la fibrosis renal. Estos mecanismos pueden actuar de forma directa sobre el riñón o potenciar el daño renal a través de enfermedades asociadas como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y la enfermedad cardiovascular.2
Los resultados de un estudios sobre percepciones de adopción de las recomendaciones de un consenso multisociedad sobre el manejo de la ERC en muestran que, a pesar de que existe una elevada percepción del infradiagnóstico de esta enfermedad y un elevado grado de adopción de las recomendaciones de derivación y tratamiento, se observó un nivel de adopción significativamente menor en términos del cribado de la ERC en pacientes con DM2 u obesidad.4
Asimismo, la reciente guía AHA/ACC/ADA/ASN destaca que la obesidad constituye un factor metabólico central en el desarrollo y la progresión del síndrome cardiovascular-reno-metabólico (CKM), una condición caracterizada por la estrecha interrelación entre el exceso de adiposidad, la diabetes tipo 2, la enfermedad renal crónica (ERC) y la enfermedad cardiovascular. En este contexto, la obesidad no debe considerarse un problema aislado, sino un determinante que favorece la aparición y progresión de alteraciones metabólicas, renales y cardiovasculares a lo largo de la vida. La evaluación del riesgo asociado al exceso de adiposidad debe incluir tanto el índice de masa corporal como la circunferencia de la cintura, dado que ambos aportan información complementaria sobre el riesgo cardiometabólico y renal.3
DM: diabetes mellitus; HTA: hipertensión arterial; ERC: enfermedad renal crónica; TFGe: tasa de filtración glomerular estimada; ERT: enfermedad renal terminal
1. Kotsis V, et al. Nutrients. 2021;13:4482; 2. Furth SL, et al. Kidney Int. 2026;109(3):442-464
3. Ndumele CE, et al. J Am Coll Cardiol. 2026;87(22S):e1889-e2007. 4. Fernández N, et al. Improvement opportunity in screening and diagnosis of Chronic Kidney Disease (CKD) in patients with the main risk factors (diabetes and/or obesity) for this condition in Spain. Abstract 11309. Presentado en la Conferencia Internacional PCDE. Barcelona, del 6-8 de junio de 2024.
ES-31743 Julio 2026
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