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Tumores Gastrointestinales Tipo Banner

Los tumores gastrointestinales se pueden desarrollar en cualquier órgano del aparato digestivo.1 Entre ellos destacan el cáncer de esófago, estómago, colorrectal, páncreas, hígado y vías biliares:

 

El cáncer de vías biliares o colangiocarcinoma es una neoplasia maligna rara que afecta los conductos responsables de transportar bilis desde el hígado hasta el intestino. Factores de riesgo de este cáncer digestivo incluyen la colangitis esclerosante primaria, infecciones por parásitos como el clonorchis, litiasis biliar, la exposición a toxinas, la diabetes y la obesidad. Este cáncer suele diagnosticarse en etapas avanzadas debido a su presentación inicial asintomática o inespecífica, lo que condiciona un pronóstico de cáncer digestivo desfavorable, con bajas tasas de supervivencia a 5 años, en tornoal >10%.2 El cáncer de vías biliares incluye varios subtipos, siendo los principales:

 

  • Colangiocarcinoma intrahepático (iCCA): se origina en los conductos biliares dentro del hígado y puede clasificarse en subtipos según su patrón de crecimiento, como el tipo masivo, infiltrante periductal e intraductal. Factores de riesgo incluyen cirrosis, hepatitis B y cáncer hepático, hepatitis C y cáncer de hígado, y colangitis esclerosante primaria (PSC), esta última asociada a un riesgo de por vida de 5%-10% de desarrollar colangiocarcinoma.3
  • Colangiocarcinoma perihiliar (pCCA): afecta los conductos biliares desde los segundos conductos hasta el origen del conducto cístico, siendo el tipo infiltrante periductal el más común. Este subtipo se presenta típicamente con ictericia indolora y puede diagnosticarse mediante técnicas como la colangiopancreatografía por resonancia magnética (MRCP). 3

El carcinoma hepatocelular (CHC) o hepatocarcinoma surge de los hepatocitos y está estrechamente asociado con factores de riesgo como la cirrosis, la infección crónica por los virus de la hepatitis B y C, el consumo excesivo de alcohol, la obesidad y la enfermedad del hígado graso no alcohólico. El CHC puede clasificarse en varios subtipos según su presentación clínica y características histológicas. 4,5 Los principales incluyen:

 

  • El tipo nodular, que es el más frecuente y se presenta como una masa bien definida;
  • El tipo masivo, caracterizado por una gran lesión única.4
  • El tipo infiltrativo, que se extiende de manera difusa a través del hígado, siendo este último el de peor pronóstico. 4
  • Además, existen variantes menos comunes como el CHC fibrolamelar, que afecta principalmente a pacientes jóvenes sin enfermedad hepática subyacente y tiene un mejor pronóstico.5 

El cáncer gástrico es una de las principales causas de mortalidad por cáncer a nivel mundial, siendo el adenocarcinoma de estómago el tipo más común, representando más del 90% de los casos. Su pronóstico es generalmente desfavorable, con una tasa de supervivencia a 5 años inferior al 20%, debido al diagnóstico tardío, ya que las etapas iniciales suelen ser asintomáticas. Los subtipos principales incluyen el adenocarcinoma intestinal, caracterizado por la formación de glándulas similares a la mucosa intestinal, y el tipo difuso, donde las células tumorales carecen de cohesión y se infiltran de manera independiente, incluyendo el carcinoma de células en anillo de sello.6

 

Además, el cáncer gástrico puede clasificarse según su localización anatómica: 6

 

  • Tumores del cardias: más agresivos y asociados a un peor pronóstico
  • Tumores distales: relacionados con la infección por Helicobacter pylori, el consumo elevado de sal, tabaco y carnes procesadas, mientras que una dieta rica en frutas y verduras puede reducir el riesgo.

 

Importancia de la detección precoz

 

El diagnóstico oportuno basado en biomarcadores moleculares cáncer, técnicas de cribado cáncer digestivo y herramientas avanzadas de imagen puede mejorar significativamente los resultados y reducir la mortalidad asociada a estos tumores. La investigación continua en la epidemiología cáncer digestivo es esencial para identificar poblaciones en riesgo y desarrollar estrategias preventivas y terapéuticas más eficaces. En este contexto, SEOM recomienda la vigilancia con ecografía abdominal cada 6 meses en pacientes con cirrosis Child-Pugh A/B o hepatitis de alto riesgo.7

 

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